Me desnudo lentamente, solo entra un poco de luz por la ventana de una tímida farola. Se me eriza la piel con el contacto con mi ropa, que va cayendo al suelo. Cojo la guitarra que esta apoyada en pared, me siento en el borde de la cama y tarareo susurrando una canción.
La puerta se entreabre poco a poco, veo luz por debajo de ella. Y entra una oscura silueta, me miras y sonríes, mientras te desnudas.
Te acercas, sin pronunciar ni una palabra. Me besas, un beso lento, dulce, perfecto en todos los sentidos. Sin separarte de mi boca, coges la guitarra y la dejas en el suelo. Tu cuerpo desnudo emite un calor muy agradable y te pones sobre mi. Mis manos recuerdan la ruta por tu cuerpo, y tus manos me acarician, primero mi cabello, mi cara, mi pecho, mi ombligo, mi cadera... Tus dedos juguetean provocando placer a cada inesperado movimiento.
Besas mi cuello y yo cierro los ojos. Siento tu lengua, caliente, bajando hasta mi clavícula. Y entonces, solo entonces, te empujo y me coloco sobre ti, sujeto con fuerza tus muñecas y mi cabello cae sobre tu rostro. Nos paralizamos por un instante, nos miramos a los ojos.
Y es cuando olvido quien soy, y dejo que formes parte de mi, quiero sentirte dentro de mi. Silencio, acompasado con nuestras irregulares respiraciones mezcladas con dulces gemidos de placer y amor.
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