Él, encerrado en una pequeña habitación llena de humo, con la guitarra en la mano. Aspira el humo del cigarrillo como si fuese su última bocanada de aire, con la mirada perdida y el corazón encogido.
Sus manos bailan sobre el mástil a ritmo de un triste blues, mientras su cabeza da vueltas en temas que aceleran su corazón.
En cada nota, un pinchazo de dolor melancólico y un deseo de explicación, una añoranza de amor y una lágrima amarga.
Él solo desea que el tiempo sea capaz de curar esa herida que sigue apenando a su corazón, y sigue abriéndose y sangrando a cada instante de soledad.
Quizás solo tenga que arrancar esa espinita y guardarla bajo llave, no olvidarla jamás, pero no padecer su dolor. Guardar bajo llave cada recuerdo, cada instante, su sonrisa, su mirada, sus caricias, su amor...como el mejor tesoro.
Solo debe resignarse a aceptar su vida y valorarla, no dejar escapar ni un segundo sin disfrutarla. Porque él, merece mucho más, pero no se da cuenta. Solo necesita que alguien le quite el lazo de los ojos que ensombrece su vida, para que pueda disfrutar de sus maravillosos colores.
Y pueda mostrar al mundo, su bonita sonrisa de nuevo.



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