El suicidio, una elección de despedida, un eterno adiós sin retorno. Una decisión sustentada por grandes desconsuelos, por escasez de resultados, por la pérdida de esperanza...
Cuantas veces he perdido las fuerzas de seguir adelante, y aun así, seguí respirando sin cuestionarmelo ni un solo momento. Quizás lo más fácil sería cortar el paso al maldito aire que sigue llenando de tristeza mis pulmones a cada bocanada. Pero en el fondo, adoro ese incesante dolor, es la prueba ferviente de que ese amor existió, que fue real, y fuerte. Que exististe.

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