
El alcohol de las cervezas inundan cada rincón de mi mente, cada gota de mi sangre, elixir de felicidad que revolotea en mi cuerpo, que sube hasta mi boca y provoca sonrisas, locas sonrisas.
La música suena fuerte, todo tiembla a mi alrededor y quiero gritar, gritar cantando, que no acabe esta noche!
Empiezo a oír el sonido del mar, las olas braman con fuerza acompañadas del viento. Fuera hace mucho frío, pero con tu compañía, el calor retumba en las paredes.
Dejemos la mente en blanco y sigamos los instintos, juguemos con las manos a viajar por los rincones más salvajes, aprendamos a hablar con la mirada y a suspirar para expresar todo aquello que las palabras no puedan decir.
Muérdete el labio y quédate con la boca abierta cuando caiga cada prenda que cubra mi cuerpo, yo te responderé con la más amplia sonrisa de gratitud. Hazme cerrar los ojos y abrir la boca a cada caricia y susúrrame al oído, gime sin miedo, hazme feliz.
Amanece...
Cristales llenos de vaho y felicidad embotellada.
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