-Tengo ganas de ir a la playa.
Era pleno invierno. Diste media vuelta y terminamos allí, paseando. Te negaste a acompañarme a la orilla, porque decías que hacía frío. Yo me empape los pies y volví a por ti. No pude arrastrarte hasta allí. Agobiada, me acosté en el suelo del paseo de madera, y no tardaste ni un instante en acompañarme.
Ambos, tirados en el suelo, sin importarnos quien nos viera. Recuerdo las vueltas en moto, que tanto me gustan. Te recuerdo junto a tu moto, en la puerta, con el casco en el brazo y el móvil en las manos, y esa sonrisa al verme salir.
Me recuerdo vestida con tu camiseta, que me llegaba por arriba de las rodillas, con las botas, y tu mirada. No olvido las letras y la música que sonaba, Extremoduro.
Esas cervezas, entre risas y miradas. Tus manos sobre las mías enseñándome a hacer cubos de papiroflexia, con cierta embriaguez cariñosa. Ese corazón hecho con el papel de la cerveza, Estrella, que aún conservo.
Y te perdí.
C.
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