Una vez más, trenes.
Trenes y estaciones,
pero está vez, maletas,
ropa y bolsas.
Y tú,
intentando sostener la cabeza y el peso de los párpados que amenazan con permanecer cerrados en contra de tu voluntad, aun que retumbas cansancio.
Y duermes,
y cuando lo haces siempre desapareces, mantienes la boca entreabierta y respiras sueños y calma.
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