Un día cualquiera, andando por la calle, nuestras miradas se encuentran, sonríes, sonrío... y con ese pequeño gesto, alegras el día de alguien. Me he dado cuenta de que la felicidad se oculta en pequeñísimos detalles como esos, en sonrisas espontáneas, miradas fugaces que te dan un vuelco al corazón y te obligan a buscar nuevamente su mirada, en dar los buenos días o simplemente saludar, en dar saltos por la calle que harán sonreír a cualquiera que te vea... Pequeños gestos que no cuestan nada, gratuitos y para todas las edades. Pequeños gestos que alegra, animan, contagian y provocan tales sensaciones como la felicidad, y esta al alcance de todos.
Yo ya lo he probado, ¿te animas?
Por esos pequeños e inesperados instantes en que tu mundo se paraliza por una mirada, por tu mirada.
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