Cuando pueda decir lo que sienta sin miedo, cuando no tenga que silenciar esa voz interior que grita y rasca desde dentro para salir, para poder vivir mi vida. Para no tener que reprimir más lágrimas, para no tener que soportar más golpes ni gritos. Para poder seguir fielmente esos impulsos que me obligo a frenar. Porque estoy harta de vivir presa de los demás y presa de mi misma, porque en el fondo, yo misma me he colocado esas cadenas. Esos hierros que sujetan mis manos y dañan mis muñecas.

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