ya no hay espacio para palabras bonitas e historias conmovedoras.
Y sin querer, desee transformar esto en los oídos que nadie me prestó.
Con el tiempo, empezó a asemejarse a una crónica de todas aquellas cosas que me hacían daño, que no comprendía, que necesitaba expresar o plantear, que necesitaba olvidar.
Es gracioso, ¿verdad?. Porque a pesar de querer olvidar todo aquello, releo incontables veces, todas estas palabras, manchadas de dolor que un día escribí con lágrimas en los ojos y el alma demasiado vacía como para comprenderlo.
Simplemente dejó de ser lo que era.
Porque yo dejé de ser quien era.
Porque empecé a experimentar los arañazos de la vida sobre la piel joven de una ilusa. Y lo peor de todo, es que siguen habiendo motivos para pasearme sin rumbo por aquí, de vez en cuando.
Pero, no quisiera haceros pensar que todo es oscuro y denigrante. Mentiría. También hay palabras dulces, algunas, pocas. Pequeños florecimientos de lo poco que queda de mi, de la inocencia y el amor incondicional. Y también, recuerdos bonitos que no quisiera olvidar jamás.
Vuelvo,
esta vez para quedarme.
Y prometo no esconder nada.
Esta es mi vida.
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